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Las ciudades virtuales marcan el ritmo de las reales

¿Quién no conoce, aunque solo sea de oídas, la vida virtual que planteaba la plataforma Sims? En ella, con un avatar, se vivía, trabajaba, relacionaba y se progresaba. Se proyectaba, en definitiva, una vida virtual que fuera un reflejo de la real o de lo que gustaría que fuera.

Pues eso, extrapolado a estructuras más grandes como lo son ciudades o incluso estados, es el metaverso, una proyección digital que está sirviendo a instituciones y gobiernos para hacer simulacros para tratar de solucionar los problemas y crisis a las que se enfrentan en el mundo real.

En definitiva, de los resultados de ciertos experimentos en el mundo virtual se tramitarán las reformas en el real.

¿Ciencia ficción? No, en realidad es una forma de ir testando soluciones para ver si son viables sin gastar ingentes cantidades de dinero para nada. Tanto es así que es un mundo que ha convencido también a corporaciones internacionales como BMW para testar sus productos sin necesidad de hacer presentaciones que fracasen, con el ahorro que eso supone también.

Uno de los ejemplos que más titulares está copando es el clon de Shangai – aunque no es la única porque ya se han desarrollado otras, por ejemplo, Wellington (Australia) – , donde se han puesto en marcha todos los sistemas que necesita la ciudad en el mundo físico, con sus propios datos, para gestionar energía, consumo, humedad, calidad del aire, transporte, tráfico o incluso contaminación. La ciudad virtual vive basándose en los registros de la real, pero evolucionando con las decisiones que se van tomando a nivel gubernamental e institucional, revisando cómo afectarían a nivel económico, de organización o, en un estrato más cercano, a nivel social.

No dejan de ser modelos de simulación. Todos estamos ya a estas alturas acostumbrados a los simulacros con datos de organizaciones y en infografías o vídeos creados para ello. Esto es un paso más evolucionado y algo revolucionario porque evitará la toma de decisiones aleatorias y se podrá exigir que el simulacro haya funcionado antes de presupuestar cambios estructurales gracias a los datos interpretados de la tecnología, la inteligencia artificial y los parámetros de cada ciudad en particular” explican algunos desarrolladores.

En definitiva, es ver cara a cara las posibilidades que los datos aportan y la importancia que va a tener en un futuro que ya es presente.

Redaccion Memory Tap

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